Una Red Económica Rural se abre paso con espíritu colaborativo frente al Covid19

 

“Tocamos campanas a rebato…y acudieron los vecinos a la plaza (virtual)”. Con este llamamiento evocador de las formas de convocatoria propias de tiempos no tan pretéritos para muchos pueblos, el pasado 9 de abril El Hueco organizó una lluvia-concurso de ideas que mejor pudieran contribuir a conseguir que empresas, autónomos y entidades de la sociedad civil (todo el frágil tejido socio-económico de las áreas escasamente pobladas de España) superen con éxito la crisis generada por el Covid-19.

Representando a la consultora aragonesa Delera, tuve el honor de defender uno de los tres proyectos que finalmente resultaron galardonados: la creación de una Red Económica Rural (RER) compuesta de proveedores de bienes y servicios asentados en el medio rural, registrados en un directorio con el fin de canalizar las decisiones de compra de empresas y consumidores finales rurales hacia dichos proveedores. Su interés estribaría en que éstos deberían ofrecer a sus clientes registrados algún tipo de ventaja en precio o prestaciones que ayudase a decantar en su favor la decisión de compra.

La idea parte de la constatación de que en los últimos años se ha ido extendiendo y consolidando una nueva visión del medio rural -si no una creciente realidad que aspira a generalizarse en nuestros pueblos- como un entorno cuya supervivencia depende de que puedan arraigar en él las condiciones socioeconómicas que, en el siglo de la globalización, permiten el crecimiento y la prosperidad de las ciudades. Y de que esa visión, cuya punta de lanza son los (nuevos y no tan nuevos) emprendedores rurales, pueda materializarse a través de fórmulas que ayuden a incrementar su competitividad, ampliar sus mercados y defender sus intereses.

Frente a ello, la comprensión de la causa esencial de la “penalizazión” que sufre el sector no agrario de la economía rural, en palabras de Vicente Pinilla y Fernando Collantes en su indispensable obra (al menos, para quien quiera entender más allá de lo emocional, qué ha sucedido en nuestro medio rural y en el europeo para que nos encontremos hoy como nos encontramos): ¿Lugares que no importan? La despoblación de la España rural desde 1900 hasta el presente. En ella, se dice: “Las ciudades permitían a los empresarios no agrarios explotar economías externas derivadas de la proximidad a otras empresas y a la masa de consumidores. En algunos sectores también había sustanciales economías de escala”. Demoledoramente obvio. Y, sin embargo, merecedor de una actuación más cohesionada por parte de las empresas y las fuerzas vivas rurales para dar una respuesta más eficaz ante las fuerzas y lógicas del libre mercado, que ahora sí es posible gracias a las actuales tecnologías de la información.

La Unión Europea está trabajando en una nueva “visión rural” que libera a nuestros pueblos del reduccionista concepto de desarrollo rural que tenemos desde hace ya demasiados años y que lo limita todo a lo agrario. Un sector primario que, por su escaso peso en la riqueza y el empleo que genera en el contexto de la economía europea (apenas un 2 o 3%), es incapaz de retener a la población rural.

Solo hay futuro para nuestro medio rural si, junto al mantenimiento de la actividad agraria, sumamos el fomento de la industria y los servicios, únicos sectores capaces de hacer posible el asentamiento de mujeres y jóvenes; y de dar oportunidades para el empleo y para los proyectos vitales que desean liberarse del agobiante sumidero urbano. En esta nueva visión entran en juego la innovación, las redes sociales, las nuevas tecnologías, la sostenibilidad, la inclusión, la economía del conocimiento y de la colaboración.

Una Red Económica Rural puede servir de acicate para estimular el tráfico mercantil rural-rural, mejorar la competitividad frente a los actores urbanos, propiciar las redes y acuerdos de colaboración y consolidar la conciencia de ser un legítimo interés más que actúe dentro del diálogo entre la sociedad civil y los poderes públicos. Una interlocución que contribuya a crear ese espacio bajo el sol que desde hace años reclama el mundo rural para no perecer irremediablemente.

 

Miguel Martínez Tomey

Director Ejecutivo de la consultora rural Delera

 

 

 

 

Delera es una consultora de economía social de Teruel (Aragón) que está impulsando la creación de una Red Económica Rural (RER). Un proyecto que ya figura entre las ideas ganadoras en el #Hac- katon Rural Covid-19, el certamen de El Hueco que ha planteado la búsqueda de soluciones, desde la “inteligencia colectiva”, para el día después de la pandemia. La Red Económica Rural, que lidera Miguel Martínez Tomey, creará un directorio para canalizar y facilitar la compra a empresas y consumidores finales del medio rural. A cambio, los potenciales clientes obtendrán un precio especial u otra prestación ventajosa.

El principal objetivo es que esta Red integre a proveedores tanto de bienes y servicios asentados en el medio rural, articulando un directorio para canalizar las compras de empresas y consumidores finales rurales, hacia dichos proveedores. Algo parecido a lo que están implantando algunas ciudades como Vigo con el comercio de proximidad. Desde esta Red también  se quiere hacer frente a las grandes superficies, creando un circuito de retroalimentación entre las empresas asentadas en el territorio afectado por la despoblación y el reto demográfico.

La idea es del analista de empresas y proyectos de negocios, Santiago Cantalapiedra, quien considera que tiene “viabilidad potencial”.  Martínez Tomey, promotor de la Red Económica Rural, explica que el desafío es demostrar la viabilidad del proyecto, a partir de la puesta en marcha de una empresa y una plataforma online. El director ejecutivo de Delera tiene claro que se debe establecer una primera de emergencia, teniendo en cuenta los efectos de la pandemia, seguida de otra etapa que permita el desarrollo de la Red con una “visión de futuro”. Los tres proyectos que han logrado una mención en el #Hac- katon Rural Covid-19 tienen tres meses para desarrollar hacer un plan de viabilidad, con el asesoramiento de la incubadora de empresas Bridges for Billions.

 

“Se trata de emular el mercado comunitario de los inicios, a través de un flujo retroalimentado de venta y adquisición de productos dentro del propio medio rural’

 

Tomey explica que este planteamiento “ha sido algo histórico en la Unión Europea, donde nació el principio de la preferencia comunitaria, que quizás esté devaluado ahora con la liberalización de los mercados”. Se trataría de emular ese mercado comunitario, tal como se concibió en sus inicios, a través de un flujo retroalimentado de venta y adquisición de productos dentro del propio medio rural. Mediante este sistema se podría organizar otro tipo de transacciones económicas, crear alianzas y clústers de colaboración entre empresas. De esa forma se adquirirían bienes y servicios de forma colectiva “desde una posición negociadora comercial más fuerte que la acción individual”.

Estas empresas, desde un planteamiento de “economía colaborativa”, ofrecerían a sus clientes algunas ventajas en los precios y en prestaciones, según recoge la propuesta de la RER.  Si se asienta  una mentalidad colectiva en el sistema de compra y venta que piense en la “preferencia de lo rural”, se producirá un flujo de negocio interno dentro del propio territorio cuya demanda ayudará a la pervivencia de los negocios allí instalados. Además, en el marco comunitario, al margen de lo que pueda pasar debido a la crisis con el marco financiero plurianual 2021-2027 de la UE, una iniciativa como la Red Económica Rural responde a una de las líneas esenciales de la política comunitaria, “el desarrollo rural sostenible y alternativo, y la capacidad de emprendimiento y de innovación”. El tejido económico del medio rural es más vulnerable que el de las ciudades y la creación de una red cooperativa así contribuiría a “apuntalar” los negocios rurales, cuya competitividad hay que reforzar para superar con éxito la crisis del Covid-19.

La Red Económica Rural se ha presentado públicamente tras la convocatoria del #Hackaton Rural Covid-19, una tormenta de ideas entre un centenar de personas y en el que se seleccionaron 30 ideas para el fortalecimiento del medio rural con ideas emprendedoras que asienten población, según explica Joaquín Alcalde, director de la empresa El Hueco que promueve el emprendimiento en Soria. “La innovación rural va a ser fundamental a la salida de la crisis del coronavirus”, ha manifestado Alcalde a Diario de Teruel, “somos optimistas porque se abre una ventana inédita para revitalizar las zonas rurales”. En su opinión, el incremento en la demanda de vivienda de alquiler fuera de los cascos urbanos es una muestra de que “esta crisis nos va a llevar hacia la vuelta al campo, a buscar sitios mejores donde poder vivir”.

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