Terminó su última aventura en un lugar de Alaska y comenzó su vida en Poza de la Sal (Burgos). Félix Rodríguez de la Fuente, director del “Hombre y la tierra” y realizador de documentales ambientalistas, fue un naturalista muy querido en la España de los años 70. En el siglo XXI, su hija pequeña, Odile, quiere seguir su senda. Para empezar ha estudiado Ciencias Biológicas y Producción de Cine, además de dirigir la Fundación Félix Rodríguez la Fuente y de estar volcada en proyectos de concienciación sobre el cambio climático. Por eso y por otras muchas razones, esta bióloga también cree que debemos situar al hombre en el centro del Planeta y defender el extraordinario valor del mundo rural.

¿Por dónde vamos en la lucha contra el cambio climático?

Desde mi punto de vista, uno de los cambios más necesarios es simplemente el de la información. Hay una gran desinformación. Hoy aún se le da mucho peso a los negacionistas, cuando el 97% de los científicos están de acuerdo en que el cambio climático no es una opinión, no es política, es una realidad científicamente avalada. Yo creo que es fundamental que la gente se de cuenta de que el cambio climático no es algo que va a ocurrir a finales de siglo, es algo que ya está teniendo lugar, que tiene un gran impacto sobre nuestra economía, la sociedad, la política, la salud, los alimentos y, sobre todo, que influye en el futuro que vamos a dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos. Es pavoroso. Es decir, la realidad del cambio climático es incluso mucho peor de lo que se divulga y creo que es necesario. que la gente partícipe del cambio que tenemos que hacer desde todos los sectores. Esto es un cambio sistémico, no puede ser un cambio sintomático con parches aquí y allá, sino que realmente hay que darle un vuelco al sistema socioeconómico bajo el que nos regimos actualmente.

¿Cuál es el principal desafío?

Hay que tener en cuenta que el cambio climático es una realidad científica. El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) -que bajo el paraguas de la ONU agrupa a científicos de todo el mundo- ha llegado a la conclusión de que tenemos que hacer todos los esfuerzos necesarios por mantenernos por debajo de los dos grados de subida de las temperaturas, en relación a las registradas en la época preindustrial. Este objetivo fue una conclusión que tomaron los principales países emisores en la Cumbre de París.

¿Y cómo vamos?

Vamos muy mal. Ya estamos por encima del grado y las emisiones continúan subiendo todos los años. Realmente estamos asumiendo que sí que vamos a sobrepasar ese grado y medio. Ahora estamos tratando de no sobrepasar los dos grados. Aún así ese objetivo va a requerir enormes esfuerzos y una grandiosa transformación desde todos los sectores socioeconómicos y políticos de la sociedad. Desde el empoderamiento que da la información, la ciudadanía va a abrazar estos cambios desde el momento en que se de cuenta que implican una enorme mejora en su calidad de vida. Uno de esos grandes cambios es la colectividad, la verdadera democratización tanto de la energía como de la información. Pero esto es un esfuerzo colectivo. El sistema socioeconómico que se dibuja al otro lado de esos cambios mejora muchísimo la calidad de vida de los ciudadanos.

“Las personas que viven cerca de la naturaleza y que son sus legítimos custodios tienen que ser reconocidos y apoyados por las políticas, por la economía y, por supuesto, por el mundo urbano” 

¿Qué papel juega el medio rural en la lucha contra el cambio climático?

El medio rural tiene una labor importantísima frente al cambio climático y la mitigación también de los cambios que van a venir de la mano de este fenómeno. Tenemos que colocar la naturaleza en el centro para convertirla en fuente de alimentos, de salud, de bienestar y de inspiración. ¿Cómo funciona el complejo sistema de la naturaleza? El cuerpo humano, por ejemplo, tiene unos pilares que son las células. Pues las células de una sociedad son los pueblos, los pueblos que son autosuficientes, que están en un contacto muy cercano con la naturaleza y que son los que de verdad pueden tomar la temperatura a la naturaleza, porque en el mundo urbano nos hemos separado del entorno natural. Los pueblos son nuestro cordón umbilical con la naturaleza y además, nos proveen de alimentos saludables.

¿Queremos a nuestros pueblos en España?

En España tenemos la fortuna de poder contar con pueblos que todavía mantienen un acervo cultural sobre formas tradicionales de gestión del territorio, de producción de alimentos con razas y variedades autóctonas, de alimentos ecológicos de calidad. Pero la forma de producción industrial que ahora mismo está en marcha a nivel global para alimentar a la población es uno de los grandes causantes del cambio climático. Cada vez más vamos a tener que recurrir y mirar al mundo rural, para ver como de forma tradicional se han hecho las cosas porque ahí tenemos, no solamente sumideros de carbono, sino también una producción saludable de alimentos.

¿Refuerza la Unión Europea el valor de nuestro medio rural?

Tiene que haber cambios en la política europea, por ejemplo, en la Política Agraria Comunitaria que es la que lleva todo el tema que tiene que ver con la producción primaria. Muchas veces yo hablo del cambio climático como clima de cambio, es decir, se está generando un clima en el que se va a dar lugar a un cambio que nos va a beneficiar, porque nos vamos a ver forzados a ello. En ese sentido, cada vez se va a tener que introducir más el medio ambiente, sumideros naturales de carbono como el medio rural y las formas tradicionales de custodiar y gestionar el territorio. Y en ese sentido es vital reconocer y apoyar a las personas que hacen una verdadera custodia de la naturaleza. y ese es el mundo rural, no, el mundo rural son los legítimos custodios de un entorno. Muchos de los entornos que hoy día preservamos nos han sido legados por generaciones anteriores de personas que vivían en el mundo rural y que han sabido gestionar, de forma sostenible, el entorno que hoy día preservamos. Cada vez va a tener más importancia la naturaleza, aunque solo sea como la forma más eficiente, más económica de luchar contra el cambio climático. En ese sentido, las personas que viven cerca de la naturaleza y que son sus legítimos custodios tienen que ser reconocidos y apoyados por las políticas, por la economía y, por supuesto, por el mundo urbano.

¿Te sientes identificada con la defensa de la naturaleza que hizo tu padre, Félix Rodríguez de la Fuente?

Mi padre hablaba de algo que no es tan conocido, su visión del futuro de la humanidad. Él hablaba de la nueva conciencia, hablaba de una conciencia en la que la naturaleza y el ser humano estén en el centro. Su serie más conocida se llama “El hombre y la tierra”, donde les daba el mismo peso. Desde que falleció mi padre, realmente sí que hemos podido ver un despertar en la conciencia ecológica. La visión de mi padre era enormemente conciliadora, de hecho, fue una de las personas más queridas desde todos los sectores de la sociedad, el mundo de la caza, el mundo rural, el mundo urbano, gente de todas las edades, de todas las procedencias educativas y culturales. Félix Rodríguez de la Fuente hablaba de una nueva conciencia donde la naturaleza es lo que nos une a todos,  uno de los valores que defiende la Unión Europea a través de la Red Natura 2000. La naturaleza es algo de todos, algo que nos define y que es muchísimo más conciliador.

¿El cambio climático nos brinda también oportunidades?

El cambio climático es el mayor reto sin duda que ha afrontado la Humanidad a lo largo de su historia. Pero también es la mayor oportunidad colectiva que hemos tenido,  en el ámbito global y de la Unión Europea. Europa y la UE es el espejo en el que se mira el resto de los países del mundo. Para que el cambio climático nos sirva como una oportunidad de innovar hay que sacar lo mejor de nosotros mismos, cooperar y reinventar el sistema socioeconómico para que beneficie mucho más a la colectividad y para que mejore la calidad de vida de todos los ciudadanos.

“La Naturaleza es de todos, una hebra que unifica a todos los europeos”
“Félix Rodríguez de la Fuente ya tenía, en los años 70, una visión del futuro de la Humanidad, lo que él llamaba la nueva conciencia”, asegura su hija Odile.  Esa era una parte muy importante de su mensaje, aunque se conociera más su lucha por los lobos y otras especies. Odile destaca el espíritu conciliador del naturalista y las semillas del movimiento ecologista que plantó hace años, para lamentar la politización de algunos grupos que “se han posicionado de forma muy radical”, provocando cierto rechazo en parte de la sociedad.
“La naturaleza es de todos, creo que es una de las de las hebras que la Unión Europea utiliza para unificar a todos los europeos”, un valor en el que cree que debería poner más énfasis.  En su opinión, es una asignatura pendiente de la nueva conciencia, que debe ser “mucho más integrador, menos politizado, menos radicalizado, que plantee soluciones y una mejora en la calidad de vida de todos los ciudadanos”. Odile Rodríguez de la Fuente sostiene que “ser más sostenibles y vivir en armonía con la naturaleza es una mejora clarísima en la calidad de vida de cada uno de los ciudadanos”.
Agustina Sangüesa