Manuel Campo Vidal: “La historia de la España Vaciada es la historia de mi vida”

«La historia de la España vaciada es la historia de mi vida»

El periodista Manuel Campo Vidal participó en el curso de periodismo de Alcañiz ‘Los medios de comunicación ante el cambio tecnológico’. Natural de Camporrells (Huesca), tras más de cuarenta años de profesión decidió fundar la Red de Periodistas Rurales como herramienta para hacer frente al problema de la despoblación. En esta entrevista repasa la situación de la España vacía, lo que supuso la Revuelta, o posibles soluciones para el problema demográfico. Uno de los retos es concienciar en las ciudades para que tomen la causa como suya.

 

Por Adrian Monserrate. La Comarca

Tras más de cuatro décadas como profesional de la comunicación decides fundar la Red de Periodistas Rurales de España. ¿Por qué?

Por la situación tan especial en la que nos encontramos. Tenemos una España urbana que no mira hacia el medio rural a pesar de que buena parte de los habitantes de las ciudades hemos nacido en él. La Red nace para fortalecer la alianza entre los periodistas que estáis de verdad en el medio rural y los que trabajamos en las ciudades pero tenemos una sensibilidad muy especial por la España vaciada, bien porque nacimos en ella como yo o bien por cualquier razón de índole solidario. Ante este panorama el papel de los periodistas resulta determinante.

¿En qué sentido?

Creo que hay dos asuntos muy importantes: uno es el papel clave que tienen que jugar los periodistas como creadores de estados de opinión para conseguir que la política se mueva. Y el otro es el reloj, que resulta fundamental. No tenemos 20 años por delante para resolver este asunto sino, como mucho, una década. Afrontamos la década decisiva, en la que si no se resuelve este problema se convertirá en irreversible.

¿Por qué consideras esta década tan importante para atajar el tema de la despoblación?

Por una simple proyección de la pirámide de edad. Cuando voy a mi pueblo, Camporrells, le pregunto al alcalde que cuántos quedamos y se ve el goteo de retroceso. Bajamos de 200, luego de 150, luego a 143… Y pasará el invierno y seremos 141. Este verano, cuando fui en fiestas, estuvimos hablando de la despoblación con el registro civil en la mano y consultamos 1925, el año en que nació mi padre, y estamos al tanto de cómo cambia esa pirámide de edad. Por eso si aplicas diez años más, en vez de 141 seremos muchos menos por simple ley de vida, y cuando un pueblo entra por debajo de un determinado nivel su recuperación pasa a ser prácticamente imposible.

La Red de Periodistas Rurales nació en febrero y por aquel entonces eras muy optimista… Ya han pasado siete meses, ¿se ha conseguido algo?

Se ha intensificado la toma de conciencia de este problema en toda España. Desde que la Red se constituyó oficialmente he visto muchos más reportajes en televisiones, radios y portadas de grandes periódicos sobre este asunto.

La Revuelta de la España vaciada en Madrid, donde fuiste protagonista, fue el punto de inflexión…

Fue fundamental. Tuve el honor de redactar y leer ese manifiesto y me produjo una gran emoción. El hecho de desfilar con otros tantos miles de personas por las calles de Madrid, gente de tantas provincias… La historia de la España vaciada es la historia de mi vida. Recuerdo que llamé a mi hija a Utrecht, donde está estudiando, y le dije que en ese momento me acordaba más que nunca de mis padres porque toda mi familia emigró cuando yo tenía nueve años. Ella me devolvió por WhatsApp un fragmento de una de las cartas que nos enviaba mi padre el primer año, cuando él estuvo en Barcelona y nosotros seguíamos en Camporrells con mi madre. Fue un momento indescriptible… Casi me emociono al decírtelo.

¿Qué ha generado la Revuelta?

En este momento tengo nueve invitaciones para acudir a jornadas sobre despoblación. ¡Y hace un año muchas de ellas no existían! Esto se ha puesto en marcha pero todavía queda mucho por hacer. El 31 de marzo había mucha gente de las provincias pero no vi a la ciudad volcada en la solidaridad ni comprendiendo el problema. Tenemos que encontrar las claves para interesar a las ciudades y para que sepan que el problema de la España vaciada también es suyo.

 

“Si el problema de la despoblación no se resuelve en esta década, será irreversible”

 

Suena complicado. ¿Qué propones para conseguir esto?

Decirles que existe un riesgo para la salud de las personas. A día de hoy la contaminación de Madrid se nota incluso en Soria, mientras que el problema de la España vacía es también medioambiental porque después de la despoblación viene la desertización. El año pasado hubo en España 38.000 fallecimientos por enfermedades respiratorias, buena parte de ellas asociadas al clima deteriorado de las capitales, y ahora que las ciudades están tomando conciencia de este asunto es fundamental que se gire la vista al campo y a lugares más sanos. Hay que entender que tenemos que salvar el planeta y proteger nuestra propia salud, y ahí puede contribuir la España vaciada.

Por lo general se tiende a poner el sujeto en el otro lado: gobiernos, empresas… Pero, ¿qué se puede hacer desde las zonas rurales?

Lo primero es dar mucha información. Por ejemplo existe el problema de internet. Estamos esperando la banda ancha como agua de mayo pero no tiene sentido enterrar kilómetros de fibra para llegar a un pueblo pequeño cuando existe una solución muy interesante a través del satélite, que te permite navegar a 30 megas. Y además, hay subvenciones disponibles para facilitar la instalación en los pueblos, pero el problema es que la gente no lo sabe o no lo hace. Hay que ser abiertos, modernos y no refractarios a los avances que se estén produciendo.

¿Y qué papel crees que juegan los medios en todo este asunto? No solo los locales, de los que ya se da por hecha su implicación, sino especialmente los grandes grupos de comunicación.

El problema se afronta de una manera muy desigual porque depende de la sensibilidad de unos periodistas y de otros, pero terminará imponiéndose. Si vuelve a haber otra manifestación el año que viene, que supongo que la habrá porque es necesario y hay que seguir presionando, espero que obtengamos una mayor respuesta informativa. El día de la Revuelta muchos hicimos llamadas telefónicas recordando su importancia, pero sorprendía la resistencia de algunos compañeros de profesión de grandes medios a cubrir esa información.

¿Confías plenamente en que se consiga a base de insistir?

Creo que esa batalla la acabaremos ganando. Hay que hacer una catequesis previa y explicar que es necesario mirar hacia el mundo rural porque nos jugamos muchas cosas: el equilibrio territorial de España y el futuro, no solo del 15% de la población que vive en ciudades pequeñas o pueblos sino también la salud de todos.

Quizá un problema en la profesión surja a raíz de que los propios periodistas, al acabar la carrera, se centran en la ciudad y se olvidan del pueblo.

Hay que hacer una reflexión y una crítica porque los medios de comunicación están pensados para gente de las ciudades y capitales. En las facultades se forman periodistas para esos medios sin ninguna perspectiva hacia la diversidad territorial. Es muy importante hablar con orgullo de las experiencias de periodismo en el medio rural, de personas que prestan un extraordinario servicio muchas veces incomprendido por otros periodistas que están en mejor posición o en las capitales.

¿Es utópico hablar de repoblación?

No, pero las utopías son el motor de muchas realizaciones. No quisiera hacer un pronóstico ingenuo de la situación porque hay muchas dificultades. La primera es que hay mucha gente dispuesta a volver al pueblo o a mudarse pero se encuentra con que no hay viviendas porque los propietarios prefieren tener la casa cerrada todo el año y abrirla solo cuando llegan las fiestas. Hay un problema de vivienda inesperado que hace todo muy difícil, pero para todo hay soluciones.

¿Cuáles propones?

No tengo la fórmula mágica pero el otro día, escuchando a unos arquitectos, hablaban de que eran capaces de hacer viviendas sostenibles en los pueblos: de 100 metros cuadrados, modernas, con placas solares y por un módico precio. Así quienes quisieran ‘teletrabajar’ podrían construirla y no tendrían que pasar por la agonía de no tener casas en los pueblos. Esa es una solución, por ejemplo, al igual que la de internet que he comentado antes.

¿Alguna más?

Hay muchas opciones que ayudan al mantenimiento de las arcas municipales en los pueblos, como la implantación de farolas para ahorrar energía que utilizan sensores y solo se encienden cuando se acerca un vehículo o un viandante. A ello hay que sumar las innovaciones tecnológicas y ayudas del Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía, Red Eléctrica Española, la labor de Correos… Como anécdota, este verano aproveché mi regreso a Camporrells para visitar con mi hija Azanuy, un pueblo de la provincia de Huesca. Allí encontramos a una pareja que tiene 19.000 libros y que los vende por internet en distintas plataformas. Mi hija pidió uno por Amazon y se lo enviaron a Holanda desde el propio Azanuy. ¿Y quién lo distribuye? Correos, desde un pueblo como Azanuy hasta Utrecht. Es interesante, ¿no?

Esta entrevista se publicó el 5 de septiembre de 2019, en el diario aragonés La Comarca.
2019-09-09T16:06:15+01:00