La localidad de Artieda pertenece a la comarca de la Jacetania y al partido judicial de Ejea de los Caballeros.

 

Cree el economista aragonés Luis Antonio Sáez Pérez que se deben reivindicar las ventajas de vivir “en baja densidad” y que el mundo rural suele ser “más abierto, de mayor diversidad” que cualquier urbanización de una gran ciudad. El gran reto, en opinión del director de la Cátedra de Despoblación de la Universidad de Zaragoza, es lograr  un “cambio de mentalidad” para atraer a gente, favorecer la movilidad y despertar emociones. Para cambiar de marco sobre el medio rural, este investigador afirma que “los periodistas que lo hacéis bien nos tenéis que servir de vehículo entre el mundo rural y el urbano”. Este verano Luis Antonio Sáez ha dirigido, en Ateca, el  curso “Smart Villages: desarrollo rural inteligente y sensible”, de la Universidad de Zaragoza.

 

¿Qué es para ti la despoblación? ¿Sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de despoblación?

La despoblación es cuando disminuye hasta un nivel crítico la población que daba vida previa a un pueblo. Y un pueblo sobre todo es unas vivencias comunes, como sacar al patrón en una determinada fecha, gente que se reune en unas plazas, una serie de toponimia, etc. Cuando se declina todo eso en pasado, cuando la nostalgia se apodera del futuro, esa es la despoblación. En el capital social hay dos partes: las raíces y las ramas. Hay que alimentar las raíces, pero también que haya ramas hacia el futuro.

Hay que analizar despoblación, fundamentalmente, desde el punto de vista de la voluntariedad, si hay gente que verdaderamente quisiera vivir allí reconociendo  antes que no es un mundo perfecto, para no darse el tortazo. Hay personas que quieren vivir en un pueblo pequeño pero también quiere tener un hospital en la misma calle y  un aeropuerto cerca con vuelos transoceánicos. Y eso, que prometen los políticos, es mentira, es un error. Tú tienes que saber que cuando vives en un pueblo asumes unos costes, igual que cuando vives en la ciudad. Entonces la despoblación es menos gente, pero la clave sería si es involuntaria o hay una serie de limitaciones que no te permiten ser persona.

 

 

El concepto de desarrollo del Premio Nobel, Amartya Sen, es que tú puedes ser dueño de tu destino. Esto que recitaba también Mandela en Invictus: ser el capitán de mis sueños. Esa es la realidad de las personas, más que el PIB de la renta per cápita o los gigas de la banda ancha. Hay que conseguir que esto también pase a pequeña escala en el mundo rural. Entendiendo también que hoy en día las personas somos rururbanos, somos híbridos, un tiempo estamos en la ciudad, otro tiempo en el medio rural. Unas cosas las encontramos en un sitio, otras en otro. Cuando disminuyen ciertos tamaños hay riesgos, pero hay que pensar que se pueden hacer muchas cosas con menos gente, mejoramos nuestra movilidad, podemos estar en poquitos minutos en un sitio y a golpe de click podemos formar parte de una cadena de valor de una red de conocimiento muy amplia. No es tan dramático como en otros momentos.

 

“Hoy en día las personas somos rururbanos, somos híbridos, un tiempo estamos en la ciudad, otro tiempo estamos en el medio rural”

 

Cuando hablamos del medio rural ¿recurrimos a muchos lugares comunes y falsedades para conseguir el aplauso, aún sabiendo que no serán viables?

Por ejemplo, con relación a la salud. El porcentaje de centenarios, las personas más longevas del planeta, están en Okinawa y en el sistema Ibérico. Si te da un infarto a lo mejor la ambulancia llega más tarde a un pueblecito de Soria o de Cuenca. Pero lo cierto es que la probabilidad de que te dé un infarto es muy superior en un ámbito urbano, por factores como la contaminación o el estrés. 

El mundo rural es, a veces, más abierto y tiene mayor variedad. Es más fácil preparar a las personas, educarlas en pequeños entornos donde hay más diversidad. En un pueblo te tienes que relacionar hasta con tu enemigo. En los colegios de ciudad la segmentación hace que los niños de clase alta no convivan con niños de otros lugares y a la inversa. La heterogeneidad y la diversidad del medio rural es bastante más grande que en esas urbanizaciones de Majadahonda (Madrid), en las que todos son iguales.

Algunos dicen que se tienen  menos cosas de las que te ofrece el mercado. Pero también eso está dejando de ser cierto: Amazon te tarda un día más en llegar y con Netflix puedes poner el cine en casa. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Muchas veces de tópicos.

El pueblo no puede seguir repitiendo letanías, como “que mal se vive, somos la España vaciada”… No, debemos repetir cuántas ventajas tiene vivir en baja densidad, aquí te puedes construir un mundo bastante importante, si te lo montas bien, si eres una persona medianamente imaginativa y un poco sensible. También lo tendrás mal en la ciudad si eres un ente pasivo.

 

“El gran cambio es de mentalidad, lo fundamental es abrir la mente, hacer cosas que favorezcan la movilidad y despierten emociones”


¿Qué afirmaciones desmontarías?

Por ejemplo, que haya un ministerio de la despoblación es una tontería. Lo que hay que impregnar es la mirada, que haya una sensibilidad espacial y social. Y luego hay que llevar a cabo las normas, porque tú puedes publicar lo que quieras en el BOE o en el boletín de la comunidad autónoma, que no valdrá para nada si no cuentas con gente que luego en el terreno de juego da vida a esas normas. Hay que llevarlas a cabo, que haya buenos gestores, que las normas no tengan esta rigidez, que no juguemos al cero a cero, a que no me hagan trampas, a que no haya corrupción. Y a cambio de eso abortemos proyectos que necesitan flexibilidad, que necesitan iniciativa.

En el terreno de la financiación autonómica, los presidentes de comunidades autónomas utilizan ‘qué hay de lo mío’, creyendo que la despoblación es cuestión de dinero. Y pasa igual que cuando das dinero a un adolescente que no tiene ideas: que se malgasta.

Hay auténticas catedrales en el desierto, agujeros negros que lo mejor sería cerrarlos, incluida La Ciudad del Motor de Aragón (Alcañiz) -esto lo digo específicamente de mi Comunidad Autónoma- y en cambio no se da paso a proyectos que son muy baratos, muy flexibles y que mueven al tejido social. El gran cambio es de mentalidad, lo fundamental es abrir la mente, hacer cosas que favorezcan la movilidad y despierten emociones. Hay que volver a poner en su sitio esta economía de mercado que se ha empoderado y se ha convertido en sociedad de mercado, porque la sociedad necesita muchas más cosas que el mercado.

 

“Lo malo es que en España casi no se hace estrategia y territorio, salvo a través de políticas europeas que son subsidiarias, que vienen un poco de refilón, como si te tuvieras que alimentar del postre”

 

¿Qué territorios necesitan más ayuda y qué emprendedores te han llamado más  la atención en estos años?

Yo no creo que haya que dejar de lado ningún territorio. Hay que pensar que las cosas cambian y apoyar a las personas que, con criterio de eficiencia, estén por la labor de comprometerse. Por ejemplo, hay pueblecitos donde los alcaldes son estupendos y mueven cosas como Artieda o como Urriés, que organizó un encuentro de periodistas rurales y que, con cien habitantes, quiere convertirse en una villa cultural y de congresos, consiguiendo que participen los vecinos, haciendo que tenga vida. Hay gente también en el mundo del desarrollo rural, del grupo Leader que gestionan mujeres. Ahí hay una persona excepcional en Las Cinco Villas, Maite González González, que es la mejor gerente que yo conozco, una persona que se moviliza, que se apunta, que se está formando en la universidad, que hace proyectos de muchos campos, que acepta las críticas, que pone el alma. En Belchite está Elisabeth Orduna; El Secadero de Ideas ... Y lo malo es que en España casi no se hace estrategia y territorio, lo hacen a través de políticas europeas que son subsidiarias, que vienen un poco de refilón, como si te tuvieras que alimentar del postre. Y luego hay gente también con proyectos, hay por ejemplo unas artistas, Pueblos en Arte, gente que se ha ido de Madrid y que están haciendo cosas de teatro, de cine y llevan gente además con estancias. Y también hay que destacar los proyectos de toda la vida de cooperativas, de agricultores…


¿Cómo ha avanzado su proyecto del ‘Erasmus rural?

Muchas empresas con proyectos comentan que el principal problema que no tienen capital humano cualificado que les vaya a los pueblos. Discriminamos positivamente, les ayudamos más cuanto más pequeño es el pueblo, hasta 3.000 habitantes y de ahí para abajo, a empresas que pueden ofrecer puestos de trabajo a los universitarios, donde hagan prácticas, que es una asignatura con nota: veterinarios, fisioterapeutas, bellas artes, derecho, sociología, economistas… que muchas veces las prácticas que hacen en una ciudad en Zaragoza, a lo largo del curso, pues es muy rutinaria dentro de un eslabón. En cambio aquí suelen ser proyectos que ya desde el principio son maduros, toman decisiones, hacen análisis, toman cosas concretas y además se quitan el prejuicio de que los pueblos esto es aburrido. Para un chico o chica que le ofrezcas como aventura,  dentro del programa “Desafío”, ir a un pueblecito perdido de 300 habitantes, puede ser más aventura que ir a Londres. Entonces lo que ellos descubren ahí es una vida en comunidad, un proyecto para realizarse profesional y personalmente. Nosotros apoyamos con dinero, nos ayudamos también de Universa, que es un servicio de la Universidad de Zaragoza para agilizar todo y en eso estamos. Las encuestas con los empresarios y alumnos dan una valoración casi de diez. Ha salido hasta una pareja, una chica que hizo prácticas en un ayuntamiento es pareja con el alcalde, o sea, que es un órgasmus, no un erasmus.


¿Es necesario restaurar ese hilo fino y vital de la cultura, que nos envuelve desde el origen en nuestro en el mundo rural?

Claro porque al final de la vida, igual que Ciudadano Kane hablaba del osito que tenía de niño, lo que más nos vale son las emociones. Y la emoción de verdad es una sonrisa, un saludo, un interés por cómo estás, por alguien que te escucha. En la ciudad antes también había esa dimensión de vecinos, de comunidad y la hemos ido enfriando en aras de la privacidad. Y en los pueblos todavía, como tienes que hacer de la necesidad virtud porque, a veces, tu enemigo es el que te ayuda a cambiar la rueda pinchada del coche… pues se relativizan más las cosas y a lo mejor por ese interés conservas esa necesidad del otro, de mirarte a la cara, de saludarte, de preocuparte por él. En esa pequeña escala donde todo se maneja, donde lo humano prevalece, la cultura es un canal de emociones, de hacerlo bonito, de comunicarte. Entonces la cultura es muy importante porque amplia la cabeza y nos ayuda a relativizar nuestras ideas: cuanto más lees, cuanta más música oyes, te das cuenta que hay muchas formas de mirar lo que sucede y que no eres el ombligo del mundo. La cultura te ayuda a entender cosas que antes no comprendías.


Preguntaba por la importancia de restaurar ese hilo de la cultura porque en muchos de esos pueblos, ahora en peligro, está el patrimonio que, además de valioso, nos recuerda nuestro origen. Hace poco han descubierto en Noheda, un pueblo de la Alcarria conquense, la villa más lujosa de la Hispania romana con el mayor mosaico figurativo del mundo…


Sí, pero es importante que no disneylandicemos ese patrimonio, que sea para vivificarlo, para darle vida.

 

Curso. Smart Villages, desarrollo inteligente diferente. (arrastrado)

La autora de la fotografía es Laura Uranga.