Emi, la mensajera que conecta al pueblo con el mundo

 

 

 

A Emi le quitó el trabajo la pandemia y se hizo autónoma, aunque sabía que iría con el agua al cuello. Es mensajera, incluso de paquetes de Amazon, y corre que te corre de una punta a otra por varios pueblos de la costa de Granada, para llevar paquetes con los productos más comunes y también más insólitos, como una panda de grillos. Su trabajo le gusta, casi le pone alas, el único inconveniente es que no le da para vivir.

 

Bea Díaz. La Herradura (Granada)

Emi es una de las repartidoras de paquetería de La Herradura y algunos pueblos cercanos de la costa de Granada. Cada día llena su coche con los paquetes más diversos que uno pueda imaginar: piraguas, televisores, libros, ropa y hasta gusanos. ¿Nos vamos de viaje? Comienza un día de reparto.  La pillamos a eso de las 11 en pleno centro de La Herradura entregando un envío. Me hace hueco en el asiento del copiloto, que es donde lleva las devoluciones. Apenas hay sitio para meter las piernas, la grabadora y la botella de agua que me ha avisado que es impepinable llevar. Que me sienta cómoda, que me queda un buen rato con ella. Que no me ponga el cinturón. “No es incívico. Es que vamos a parar en apenas 50 metros, Bea. Hazme caso”.

Emi tiene 56 años. Trabaja repartiendo paquetería desde el año pasado. La pandemia se llevó su sueldo fijo en una tienda de ropa como dependienta y trajo un pago de Autónomos que le cuesta, le cuesta. “Voy a aprovechar esta oportunidad para decir que estamos asfixiados”, dice. A veces, me cuesta entenderla porque hoy hace algo de viento, es viernes, hay muchos turistas, estamos en plena playa y ella corre y corre. El sueldo no le llega.

 

“Me gusta mi trabajo, pero no gano lo suficiente para vivir”

 

¿Si se estresa? Casi me da vergüenza hacer la pregunta tal y como me lleva por las calles del pueblo: bajamos, subimos del coche. Baja. Sube. Quédate y vigila que no me roben. Baja. Sube. Me echa la bronca porque me he dejado la ventanilla abierta en uno de los repartos que estamos grabando. “Es que si roban algo lo pago yo. Si pierdo un paquete también lo pago yo”. Así que hemos pactado que en las calles donde sea más complicado aparcar yo me quedo, vigilo el coche y ella corre, corre y vuelve a correr.

 

 

Mientras intenta entregar un paquete llama al siguiente cliente. Que no le coge. O que le dice que no está en casa. Que se lo deje al portero. O que soy extranjera y no sé el número de NIE y lo tengo que buscar. Y el tiempo vuela. “Aquí no corren solo los minutos sino también los segundos”. Emi le deja en esta ocasión un paquete a Antonio, “un amor”, el portero de una urbanización que está acostumbrado a las ausencias vecinales y a las presencias de la Emi que vuela.

Podcast Bea Díaz: “Emi o la tienda en casa”

 

Hay más de media docena de empresas de mensajería que reparten y recogen paquetes en esta zona de Granada. La de Emi es una de ellas. Se supone que hay una legislación acerca del peso y las dimensiones de lo que se puede entregar. Pero es mentira. “He llenado el coche esta mañana en Almuñécar, me ha faltado sitio para una alfombra”. ¿Han jugado al Tetris? Ese es como el coche de Emi. El Tetris perfecto.

 

Camina con paso rápido y lleva una riñonera en la parte derecha de su cintura. “No te lo vas a creer pero, en pleno siglo XXI, la gente sigue haciendo pagos contra reembolso. ¿Para qué compras por internet? Es que no lo entiendo. Lo único bueno es que a veces no tienen cambio y me llevo propina, aunque solo hay una pareja de extranjeros que me deja dos euros. Otras veces me toca a mí ir a buscarlo”. El cambio.

 

“No te lo vas a creer pero, en pleno siglo XXI, la gente sigue haciendo pagos contra reembolso”

 

Gasolina. Averías del coche. Incidencias. Multas. Todas las incidencias se resumen en que “ahora la empresa me está ayudando a pagar la gasolina pero si tengo alguna avería o lo que sea con el coche, lo pago yo”. A Emi se le ha roto una luna, una rueda y algún músculo de la espalda que le hizo muy al principio ir al fisioterapeuta. Nos hemos visto después de grabar este reportaje. Me ha pitado con el coche mientras yo camino por la acera y me dice que mañana se va a hacer una radiografía.

“Al principio yo lo llevaba todo, por muy grande que fuera el paquete. Ahora pido ayuda al que esté al lado si veo que no puedo sola”. Le responden siempre bien porque ya la conoce absolutamente todo el pueblo. Y porque Emi, que es fuerte como un caballo que ha tirado de todos los carros que le han enganchado, es menuda.

 

La cosa es que Emi sabe que este trabajo no es rentable, pero le encanta lo que hace. “Estar en una oficina o una tienda no va conmigo. He sido comercial y tienes que estar convenciendo a la gente para algo. Esto es repartir y hablar con la gente”, dice Emi mientras su voz casi se pierde en el siguiente reparto.

Yo me quedo cuidando el coche.

 

Bea Díaz es periodista y miembro de la Red de Periodistas Rurales. Tiene una larga trayectoria como reportera, productora y directora de programas de televisión que, en su mayoría, se han emitido en Canal Sur.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Deja tu comentario

Ir a Arriba